La Ontoescritura se vuelve “Ser Palabra” en la escuela Francisco Varela de Peñalolén

En esta escuela de Santiago ¡los peluches saben escribir emociones y las mascotas reprochan por escrito a sus jóvenes dueños!

A punta de peluches cronistas de emociones que escriben cartas, animalitos que hablan y aconsejan -como el caso de la gata de la escuela  “Carlota”- archivos que se descargan a lápiz procedentes de difuntas abuelitas que  no pudieron en vida expresar afectos, mascotas que toman el lápiz y ojillos vivaces  de niños, este año hemos empezado a aplicar y adecuar la disciplina de la Ontoescritura en las aulas de la escuela Francisco Varela de Peñalolén (Santiago de Chile).

Son nuestras primeras didácticas aplicadas a niños de 5to a II° medio, una manera de aportar a la calidad educativa y de reforma que tanto necesita nuestro país. Fuimos convocados aquí para ayudar a “dar alma” a una nueva forma de educar.

Se trata de un muy pionero proyecto que intenta unir pedagógicamente las neurociencias con la meditación budista –algo que encarnó preclaramente el científico patrono del proyecto- y ahora enriquecida con dos nuevas líneas inspiradoras y que son constitutivas de nuestro aporte: la Ontoescritura y la cosmovisión mapuche.

Para nosotros, los creadores, representa un poderoso hito que juzgamos señero en la aventura educativa de ayudar tempranamente a un ser humano, para que éste tome contacto con sus emociones, le ponga nombre y luego de practicar gobernar su corazón, decida por escrito como quiere ir modelando su yo e ir corrigiendo el guión de su destino.

Escribir para sanar